¿Por qué dormir el fin de semana ya no basta? El urgente desafío a cuidar la salud mental antes que la licencia médica sea la única alternativa.
- Equipo La Galería M

- hace 37 minutos
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Llegar arrastrándose al viernes, dormir todo el fin de semana y despertar el lunes con más sueño del habitual. Lo que muchos trabajadores chilenos normalizan como "cansancio" es en realidad la primera alarma de un problema crónico. Abordar la salud mental solo cuando estalla la crisis no solo destruye el bienestar de las personas, sino que está generando un agujero negro en la economía del país.
Así lo demuestra el informe “The Value of Mental Health” de Zurich Insurance Group, cuyas proyecciones para este 2026 son alarmantes: 4,2 millones de personas en Chile viven hoy con una afección de salud mental. El panorama a mediano plazo es aún más complejo, proyectando que el 23% de la población —es decir, 1 de cada 4 chilenos— padecerá alguna de estas condiciones para el año 2030, comprometiendo seriamente la fuerza laboral.
El millonario costo de la inacción
El impacto económico de este fenómeno ya es medible. El ausentismo laboral por motivos de salud mental promedia 5,6 días por trabajador en Chile. Para este año, esto se traducirá en aproximadamente 50 millones de días laborales perdidos, equivalentes a una caída en la producción de más de 2 billones de pesos (cerca del 0,7% del PIB nacional).
A este escenario se suma la crisis de acceso en el sistema público, donde en el último año el tiempo de espera promedio para una consulta psiquiátrica alcanzó los 236 días, agravado por una preocupante escasez de especialistas (apenas 8,5 psiquiatras por cada 100 mil habitantes). Esta demora crónica provoca que un cuadro leve de angustia escale hasta convertirse en una inasistencia prolongada.
Las señales invisibles en la oficina
"La licencia médica es el costo de llegar tarde", advierte la Dra. Claudia Barrera, CEO y cofundadora de Grupo Cetep, ecosistema de salud mental con dos décadas de trayectoria.
Según la especialista, el cuerpo avisa mucho antes de que el trabajador colapse, manifestándose primero a través de síntomas poco específicos como dolores de cuello, cefaleas, pérdida de memoria y desconcentración.
Posteriormente, aparecen los síntomas interpersonales. "La persona comienza a tener roces con su equipo, no soporta las reuniones largas y tiende a aislarse. El desafío es intervenir en estas etapas, cuando aún es posible frenar los síntomas", explica la Dra. Barrera.
Cuando el problema se ignora, el trabajador entra en una fase de falsa funcionalidad. "Llega tarde, se muestra irresponsable frente a tareas clave o incluso se queda más horas en la oficina porque nota que ya no rinde igual", señala la experta.
El informe de Zurich Insurance Group es categórico al señalar que la gran oportunidad del país radica en transitar desde la atención tardía a la estabilidad temprana. El foco debe dejar de ser el tratamiento de la crisis y pasar a la prevención.
"Finalmente, debido a la intensidad de los síntomas, es necesaria una licencia médica, pero es demasiado tarde; la persona ya está enferma y, si el período de reposo se extiende, retomar el rol productivo se vuelve muy difícil. Ya es tarde, llegamos tarde. El llamado urgente es a intervenir antes", concluye la Dra. Barrera.






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