"Se lo dejo a mi yo del futuro": Especialista U. de Chile explica cuándo este método ayuda y cuándo se convierte en procrastinación
- Equipo La Galería M

- hace 20 horas
- 4 Min. de lectura

El uso de esta frase coloquial para postergar tareas es cada vez más común. Sobre este fenómeno, el especialista en procrastinación Pablo Herrera, académico del Departamento de Psicología de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile, explica cuándo esta práctica puede ser una estrategia de autocuidado y cuándo empieza a transformarse en una trampa marcada por la culpa, la ansiedad y la evitación.
Entre actividades pendientes, cansancio y jornadas que parecen no alcanzar para hacerlo todo, la frase "se lo dejo a mi yo del futuro" se volvió una forma cotidiana de nombrar tareas que se suelen postergar.
Aunque muchas veces aparece como una broma o una salida momentánea frente al agobio, detrás de esa expresión cotidiana también surge la duda: ¿se trata de una forma responsable de dosificar la carga mental o de una postergación que, con el tiempo, puede terminar pasando la cuenta?
Para el académico del Departamento de Psicología de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile, Pablo Herrera Salinas, pensar en el futuro forma parte de una capacidad humana central. “Parte de nuestras características cognitivas como seres humanos es visualizar el mañana. Entonces, es una característica que está programada en nosotros y que ha sido extremadamente adaptativa para nuestra supervivencia”, explica.
En ese sentido, anticipar lo que viene no es negativo en sí mismo. Al contrario: “Es bueno que empaticemos con nuestro yo del presente y con nuestro yo del futuro, que tomemos decisiones que cuiden a ambos”, plantea el profesor del Taller de trabajo con el autosabotaje y la procrastinación.
Sin embargo, el problema surge cuando ese delicado equilibrio se rompe. Desde la psicología, la procrastinación suele entenderse como una forma de privilegiar el alivio inmediato por sobre aquello que será importante más adelante. “En general, la procrastinación se entiende como priorizar el yo del presente a costa del yo del futuro. O sea, elijo una gratificación presente, o cualquier otra cosa que pueda ser agradable o por lo menos no aversiva, y el que paga el costo de esa decisión es mi yo del futuro”, señala Herrera.
Ese costo puede verse en trabajos entregados tarde, estudio acumulado, deberes pendientes o metas personales que se aplazan indefinidamente. “No podemos estar siempre priorizando el futuro, tiene que existir un equilibrio donde se empatice con ambos”, afirma el especialista.
Entre el descanso real y la “tierra de nadie”
Desde esa mirada, no todo lo que se deja para mañana es procrastinar. Hay momentos en que postergar una tarea puede ser una decisión responsable, sobre todo cuando responde al cansancio, a la falta de energía o a la necesidad real de descanso. Si una persona reconoce que no está en condiciones de rendir bien, decide recuperar fuerzas y luego retoma la tarea en mejores condiciones, esa pausa puede ser una forma de autocuidado más que de evitación.
En cambio, una señal de procrastinación aparece cuando la persona queda atrapada en una especie de limbo: no avanza en lo que tiene que hacer, pero tampoco logra disfrutar el tiempo que se está dando. “No estoy avanzando como creo que debería avanzar, pero tampoco estoy disfrutando mi descanso o mi tiempo de ocio. Eso es un ejemplo típico de procrastinación claramente no sana”, explica.
Ese estado intermedio, agrega, termina siendo especialmente desgastante, ya que la tarea pendiente sigue presente como ruido de fondo, generando presión, culpa y malestar, pero sin traducirse en acción. Por eso, una de las primeras estrategias que propone es identificar ese momento preciso y reconocer que ahí no se está ganando nada.
Frente a esa tensión, el académico propone pensar en una negociación interna entre las distintas necesidades en conflicto: por un lado, la obligación de cumplir; por otro, la necesidad de descansar o distraerse. “Acá existen dos partes de la persona en conflicto. Una opción es que los dos pierdan y no haga nada. ¿De qué forma puedo negociar conmigo mismo para que no pierdan los dos?”, comenta.
Más que "flojera": ansiedad, miedo al fracaso y autoexigencia
Aunque muchas veces la procrastinación se asocia a una simple falta de voluntad o pereza, Herrera advierte que, en muchos casos, sus causas son mucho más complejas. Por ejemplo, existen factores del contexto, como distracciones o ambientes poco propicios para concentrarse, pero también se puede deber a factores psicológicos más profundos.
Uno de ellos es la dificultad para proyectarse y organizarse a futuro. “Hay algunas personas a las que les cuesta visualizar el futuro. Tienden a ser más impulsivas, más presentistas. Entonces les cuesta organizarse y planificar”, indica. Sin embargo, en su experiencia clínica, hay una causa todavía más frecuente: el miedo al fracaso y a la crítica.
Desde esa perspectiva, la procrastinación no siempre se debe a la falta de disciplina, sino, a veces, a una exigencia excesiva. “En la mayoría de los casos en que consultan en terapia, es casi lo opuesto: es el exceso de una disciplina muy punitiva internalizada, lo que hace que sea tan aversivo para mí cumplir con esos estándares y esas exigencias que necesito evitarlo, y así se genera un círculo vicioso porque evito trabajar”, afirma.
La procrastinación ocasional forma parte de la experiencia cotidiana de muchas personas y no necesariamente es motivo de alarma. Pero cuando se vuelve persistente, afecta distintas áreas de la vida y se vive con malestar constante, podría ser señal de que hay algo más profundo detrás.
En esos casos, agrega, la terapia puede ayudar a comprender mejor qué está sosteniendo esa dinámica: si se relaciona con agotamiento, miedo a equivocarse, dificultad para organizarse o una autoexigencia que terminó volviéndose paralizante.
Más que preguntarse solo por qué algo quedó para mañana, la invitación, dice el académico, es revisar si esa decisión realmente ayudó a cuidar al yo del presente y al del futuro, o si terminó dejando a ambos en el mismo lugar: atrapados entre la culpa, el cansancio y la postergación.




Comentarios