La revolución lifestyle llega a Santiago: nuevos hoteles, inversiones y una nueva forma de vivir la ciudad


Santiago está cambiando la manera en que recibe a sus visitantes. La evolución de los hábitos de los viajeros, la búsqueda de experiencias más auténticas y la necesidad de combinar descanso, trabajo y entretención están dando paso a una nueva generación de establecimientos que apuesta por algo distinto: menos ostentación y más experiencia.
Es el fenómeno de los hoteles lifestyle, un concepto que ha ido ganando espacio en las principales ciudades del mundo y que comienza a adquirir cada vez mayor protagonismo en nuestra capital. Son hoteles donde el diseño, la identidad, la ubicación, la tecnología y la eficiencia tienen un peso tan importante como los servicios tradicionales.
El fenómeno coincide con la importancia que mantiene Santiago dentro del turismo nacional. En julio de 2026, la Región Metropolitana alcanzó una ocupación de habitaciones de 73,8%, la más alta registrada entre las regiones del país. Aunque las pernoctaciones regionales disminuyeron 5% respecto de julio del año anterior, las cifras muestran la relevancia que conserva a la capital como destino turístico y de negocios.
En este escenario, las nuevas inversiones buscan responder a un viajero diferente, que no necesariamente quiere pagar por una larga lista de servicios que utilizará poco, sino por aquellos elementos que realmente impactan su estadía. Y uno de los proyectos que mejor refleja esta transformación ya tiene nombre, ubicación y fecha: OLÁ Costanera Tapestry Collection by Hilton, el segundo hotel de la marca OLÁ, que se levantará en la esquina de avenida Andrés Bello con La Concepción, en Providencia.
Una nueva apuesta
La apertura está proyectada para comienzos de 2028 y contempla la transformación de un edificio de oficinas de reciente construcción en un hotel de 231 habitaciones, con una inversión superior a US$20 millones en habilitación por parte de OLÁ Hotel. El proyecto tendrá cuatro salones para eventos, gimnasio, piscina y un bar-desayunador con una amplia terraza en el tercer piso. Uno de sus grandes atributos será la vista panorámica de Santiago.
El desarrollo se realizará mediante un contrato de arriendo de largo plazo con BICE Vida, propietario del inmueble. La operación constituye además un ejemplo de reconversión de activos: un edificio originalmente destinado a oficinas tendrá una nueva vida como infraestructura turística, generando actividad, empleo y servicios en su entorno.
Para Cristóbal Dib, gerente general de OLÁ Hotel, el proyecto es parte de una estrategia de crecimiento que busca aprovechar ubicaciones urbanas donde la propuesta de la marca tenga sentido. “Para crecer, primero demostramos que el modelo se sostiene equilibradamente en ocupación, tarifa, calidad de servicio y eficiencia. Eso nos da mucha flexibilidad y velocidad de mercado”, señala.
El proyecto permite observar cómo está cambiando el concepto de hotel de categoría.
Durante años, el lujo estuvo asociado a grandes espacios, numerosos servicios y una experiencia basada en la abundancia. Hoy, explica Dib, el huésped está buscando otra cosa.
“Para nosotros, el lujo contemporáneo tiene menos que ver con la ostentación y mucho más con priorizar la calidad de la experiencia por sobre la cantidad de servicio”, afirma.
La propuesta de OLÁ busca precisamente concentrar los recursos en aquello que el pasajero realmente valora. De ahí que servicios como el wifi y el estacionamiento privado sean parte de la experiencia base y no cobros adicionales. “Si algo es necesario para que la experiencia funcione bien, creemos que debe ser parte de la propuesta y darlo con excelencia”, explica Dib.
Providencia, el barrio que cambia el mapa
La elección de Providencia tampoco es casual. La comuna concentra negocios, gastronomía, comercio, cultura y conectividad, además de algunos de los principales polos corporativos de Santiago. Para el viajero actual, esa combinación permite trabajar, desplazarse, comer, comprar y conocer la ciudad sin necesidad de recorrer grandes distancias. “Providencia tiene algo muy difícil de replicar: combina negocios, gastronomía, comercio, cultura, conectividad y vida urbana en un mismo entorno”, sostiene Dib.
El propio OLÁ Providencia está ubicado a unos siete minutos caminando de Costanera Center y de la estación Tobalaba. La idea, explica el gerente general, es que el huésped pueda estar en el centro de la actividad urbana y, al cruzar la puerta del hotel, encontrarse con un espacio de calma. Esa dualidad -ciudad y desconexión- es precisamente una de las características que definen al nuevo viajero urbano.
En los hoteles lifestyle, la habitación también adquiere un nuevo significado. El objetivo no es necesariamente llenar el espacio de elementos tecnológicos o servicios, sino conseguir que todo funcione correctamente y que el huésped pueda descansar. En OLÁ, esto se traduce en colchones especialmente diseñados, menú de almohadas, sábanas suaves, iluminación adaptable y una fuerte aislación acústica y lumínica.
“Probablemente sería una habitación donde ningún implemento llame demasiado la atención, porque simplemente funcionan a la perfección”, describe Dib. La idea es que después de una jornada de reuniones o recorriendo Santiago, el viajero pueda regresar a un espacio diseñado para recuperar energía.
La llegada de OLÁ Costanera tiene además un antecedente concreto. OLÁ Providencia, el primer hotel de la marca, opera desde 2019 y ha mantenido una ocupación superior al 80% durante los últimos dos años consecutivos. El hotel registra un RevPAR 15% superior al de su set competitivo y recibe más de 40 mil huéspedes al año. También fue distinguido por Hilton con un Award of Excellence, que lo situó como el sexto mejor hotel de Tapestry Collection a nivel mundial, y fue reconocido por Tripadvisor dentro del Top 10 de Traveller’s Choice Awards.
Por lo mismo, OLÁ Costanera mantendrá el mismo ADN de la primera propiedad, descanso, diseño y eficiencia, pero tendrá una identidad propia relacionada con el barrio donde estará ubicado. “OLÁ Costanera nace con el mismo ADN que el anterior -buen dormir, detallado diseño y una experiencia práctica y eficiente-, pero con identidad propia que lo conecta a su propio entorno”, afirma Dib.
Así, mientras Santiago continúa consolidándose como un destino que combina turismo, negocios y vida urbana, nuevos actores de la industria comienzan a apostar por una fórmula diferente. El proyecto representa la llegada de una hotelería que entiende el lujo de otra manera y que apuesta a que, para el viajero moderno, la mejor experiencia no necesariamente es la que ofrece más, sino la que ofrece exactamente lo que necesita.






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