La actividad enoturística que invita a descubrir el rol de las flores en una viticultura sostenible en el Valle de Colchagua


Recorrer un viñedo, descubrir el papel que cumplen las flores entre las hileras de parras y terminar la jornada con una degustación de vinos será parte de “El Secreto de las Flores”, la experiencia de enoturismo que Viña Ravanal realizará el próximo 31 de octubre, a las 16:30 horas, en Placilla, Región de O’Higgins.
La actividad invita a los visitantes a recorrer el campo junto a un guía, conocer el ciclo de la vid y la importancia de la biodiversidad, recolectar flores para crear un ramo propio y disfrutar de los vinos, con un brindis final en medio del viñedo. Pero detrás de esta propuesta hay una práctica agrícola que va más allá de lo ornamental. La presencia de flores y coberturas vegetales entre las hileras responde a una estrategia de agricultura regenerativa que busca mejorar las condiciones del suelo, favorecer el reciclaje de nutrientes y contribuir al equilibrio natural del ecosistema.
“El viñedo no es solo el lugar donde nace la uva: es un ecosistema vivo, y las flores son una de sus señales más hermosas”, explica Héctor Saldivia, enólogo de Viña Ravanal. La iniciativa, agrega, “nació de la intención de acercar esta realidad a los consumidores y mostrarles por qué estas plantas forman parte del paisaje del campo”.
En la viña, las coberturas vegetales ya se incorporan como parte del trabajo agrícola. La idea fue transformar esa práctica en una experiencia que permitiera observarla de cerca, comprender su función y conectar el cuidado de la naturaleza con la elaboración del vino. “Al unir flores y vino queremos mostrar que ambos nacen del mismo suelo y del mismo cuidado”, señala Saldivia.
A través de esta actividad, se busca transmitir que la calidad de un vino también está vinculada con las condiciones del suelo, la biodiversidad y las decisiones que se toman durante el manejo agrícola. La experiencia se enmarca, además, en una apuesta por diversificar el enoturismo y ofrecer una forma distinta de recorrer el viñedo. Según el enólogo, “la intención es proyectarla como una posible línea de actividades de primavera durante la temporada de floración”.
Un suelo vivo para una viticultura más sostenible
La incorporación de flores y coberturas vegetales entre las hileras es una de las herramientas utilizadas en la agricultura regenerativa para proteger y recuperar los suelos. Estas plantas contribuyen a reducir la erosión, aportan raíces y residuos orgánicos y favorecen la infiltración y conservación del agua.
Alejandra Vinagre, encargada de Sustentabilidad de Viña Ravanal, explica que estas acciones forman parte de un conjunto de prácticas orientadas a mejorar la estructura del suelo y aumentar su contenido de materia orgánica, en línea con el compromiso de la viña con el Código de Sustentabilidad.
“El objetivo es mantener un suelo biológicamente activo, capaz de sostener el desarrollo de las vides en el tiempo. Para ello, la vegetación cumple un papel importante: sus raíces contribuyen a mejorar las condiciones del terreno y, una vez que los restos vegetales se descomponen, parte de sus componentes se incorpora al suelo” asegura.
Las flores también pueden proporcionar alimento y refugio a polinizadores y otros insectos beneficiosos, incluidos algunos que contribuyen al control de plagas. El propósito es favorecer una biodiversidad funcional que ayude a mantener el equilibrio del viñedo. Vinagre precisa que la “presencia de abejas no significa, por sí sola, que las vides producirán más uvas, ya que estas plantas son mayoritariamente autopolinizantes”.
Salud del suelo y expresión del vino
La relación entre el suelo, la vid y la calidad de las uvas es también uno de los aspectos centrales de la agricultura regenerativa desde la perspectiva de la viticultura. Un terreno con una estructura adecuada puede favorecer el desarrollo de las raíces, la infiltración del agua y la disponibilidad de nutrientes, condiciones que influyen en el crecimiento y la maduración de las bayas.
Desde Viña Santa Rita, su gerente de Viticultura, Gerardo Leal, explica que un suelo saludable “ofrece mejores condiciones físicas, químicas y biológicas para el desarrollo de las plantas. La actividad de los microorganismos contribuye a transformar la materia orgánica y reciclar nutrientes, mientras que la disponibilidad de agua y elementos nutritivos influye en el tamaño de las bayas y en su proceso de maduración”.
Estos factores pueden repercutir en componentes relevantes para la elaboración del vino, como los azúcares, los ácidos y los compuestos fenólicos. También existen estudios que exploran la relación entre las coberturas vegetales, la microbiota del suelo y la presencia de bacterias y levaduras en las bayas, elementos que podrían contribuir a determinadas características de los vinos.
No obstante, Gerardo Leal subraya que “la agricultura regenerativa no garantiza por sí sola una mayor calidad. Sus efectos dependen de las condiciones de cada lugar, el clima, el tipo de suelo y las prácticas complementarias, y deben evaluarse durante varias temporadas. La clave está en encontrar un equilibrio. Si bien, las coberturas vegetales pueden mejorar la estructura del terreno y contribuir a su biodiversidad, también pueden competir con las vides por el agua y los nutrientes cuando su crecimiento no se maneja adecuadamente”.
Este punto resulta especialmente relevante en el Valle de Colchagua, donde la disponibilidad de agua es un factor determinante para la actividad vitivinícola. Por ello, tanto la elección de especies vegetales como la superficie cubierta y los momentos de siega deben adaptarse a las características de cada viñedo. La agricultura regenerativa, en ese sentido, no propone una fórmula única, sino un sistema de manejo que exige observación, mediciones y ajustes continuos.
Adaptarse al cambio climático y recuperar la biodiversidad
En un escenario de mayores exigencias climáticas, las prácticas regenerativas también pueden contribuir a mejorar la capacidad de los viñedos para enfrentar períodos de sequía y altas temperaturas. La protección de la superficie del suelo y el aporte de residuos vegetales pueden ayudar a reducir la erosión y la evaporación, moderar la temperatura superficial y favorecer una mejor infiltración del agua.
Desde Santa Rita, el gerente de Viticultura plantea que “la resiliencia de los viñedos debe construirse mediante una combinación de herramientas, que incluya el manejo del riego, la elección de portainjertos, la gestión de la vegetación y las decisiones sobre el desarrollo de las plantas”. La sostenibilidad, además, comienza a ocupar un lugar en la relación entre las viñas y sus consumidores. Según el especialista de Santa Rita, “una parte del público considera los atributos ambientales de los productos, aunque estos conviven con otros factores decisivos, como el precio, la calidad y el origen”.
En esa línea, la agricultura regenerativa puede representar una transformación en la manera de entender el viñedo: no solo como un espacio destinado a producir uvas, sino como un sistema en el que el suelo, el agua, la vegetación y los organismos vivos interactúan y deben gestionarse de manera conjunta.






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