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Jaime Hales y su nuevo libro La reencarnación. Historia del alma

Foto del escritor: Equipo La Galería M
Equipo La Galería M
hace 6 horas
8 min de lectura



Abogado, académico, escritor, poeta, tarotista y terapeuta de vidas pasadas, Jaime Hales ha desarrollado una trayectoria en ámbitos que, a primera vista, podrían parecer muy distintos: el Derecho, la defensa de los derechos humanos, la educación y la literatura conviven en su historia con el Tarot, la espiritualidad y los estudios holísticos. Para él, sin embargo, no existe contradicción entre estos mundos: todos forman parte de una misma búsqueda por comprender al ser humano.


Su interés por estos temas comenzó en la infancia. A los siete años leía los Evangelios y, poco después, se acercó a libros de psicología, espiritualidad y esoterismo. A los 15 años adquirió su primer Tarot. El Derecho llegaría más tarde y ocuparía una parte importante de su vida profesional, especialmente en la defensa de personas perseguidas durante la dictadura, mientras nunca abandonó la escritura ni su interés por las preguntas vinculadas con la conciencia y la trascendencia.


Ahora, bajo el sello Catalonia, publica La reencarnación. Historia del alma, un libro en el que recorre distintas tradiciones que han reflexionado sobre la continuidad de la existencia después de la muerte y las relaciona con sus propias experiencias y con sus años de trabajo como terapeuta de vidas pasadas.


Hales no busca demostrar científicamente la existencia de vidas anteriores, sino abrir preguntas. Habla de regresiones, recuerdos, fobias, vínculos y sensaciones de familiaridad hacia personas o lugares que nunca hemos conocido, y plantea que algunas de estas experiencias podrían tener relación con otras encarnaciones.


En esta conversación aborda también cómo realiza las regresiones, cómo distingue una experiencia significativa de la imaginación, qué entiende por karma y cuál podría ser el sentido del dolor y el sufrimiento. Y, sobre todo, reconoce que después de tantos años de estudio todavía hay preguntas para las que no tiene respuesta.


Jaime, usted viene del Derecho, la academia y la literatura. Uno pensaría que no cree en temas que se asocian a la espiritualidad o lo esotérico. ¿Cómo fue se interesó en estos temas?

Las cosas fueron al revés. La literatura (leer y escribir) apareció en mí ya desde los 5 y 6 años. Leer y escribir toca todos los temas, a los 7 años yo leía el Evangelio a diario. A los 9 años leí mi primer libro sobre temas misteriosos (Joseph Ranald, acerca de las líneas de las manos) y ya a los 10 leí libros de espiritualidad y psicología, Gessel, Hesse, Lobsang Rampa. Los temas esotéricos circulaban por mi casa y a los doce conseguí que mi madre me dejara leer a Alfred Adler (“La astrología como ciencia oculta”). A los 15 adquirí mi primer Tarot y comencé a leer sobre el tema. Paralelamente lo hacía sobre política, historia, narrativa y mucha poesía. Había un precioso libro de tres tomos de literatura chilena que se llamaba “Selección de autores nacionales”, que lo devoré y repasé muchas veces. Gracias a mi padre, siendo niño conocí a De Rokha, Massis y otros autores.


Comencé a escribir poesía alrededor de los 14 años y a los 17 publiqué mi primer libro en conjunto con mi amigo Ricardo Salvador. El derecho sólo aparece a los 20 años cuando me retiro del seminario y las olas inesperadas y misteriosas me llevaron a eso, lo que no entendí hasta después del golpe de Estado, momento en que empecé a defender a los perseguidos. Supe que parte de mi tarea, en lo relativo al mundo externo, estaba relacionada con la política y la defensa de los derechos humanos, así como con la enseñanza y la escritura. No se trata sólo de que me interesen todos los temas, sino que me interesa todo lo que tiene que ver con el ser humano. Tengo 80 libros publicados, entre los de mi autoría, los escritos con otras personas (fundamental para el financiamiento en muchos casos) y las antologías en las que se me incluye.


Los temas holísticos (espirituales y esotéricos) están presentes en todo, me han interesado siempre, se conectan con la magia de la literatura y tienen que ver con todas las dimensiones de lo humano y lo trascendente. Yo no siento dicotomía o conflicto entre unos y otros. Están ahí, viven en mí y en el mundo. Tomo conciencia de mí y de los demás, de la sociedad y de la intimidad, vivo intensamente todo esto vinculado por el amor en sus diversas dimensiones.


Y no nos sorprendamos: entre mis alumnos y mis consultantes, hay numerosos abogados, ingenieros, contadores, químicos, artistas, comerciantes, hasta sacerdotes y políticos.

 

En el libro plantea que ciertas situaciones, temores, vínculos o conflictos que vivimos podrían tener relación con experiencias de otras vidas. ¿Qué tipo de situaciones o señales son las que más le han llamado la atención en su trabajo con pacientes?

 

Muchas personas llegan a la consulta porque tienen problemas que no han podido resolver ni siquiera con buenas terapias sicológicas. Fobias, conflictos con determinadas personas; adicciones o apegos muy fuertes a cuestiones que no son necesariamente drogas (la comida en exceso, por ejemplo o juntar cosas inservibles); rechazos incomprensibles a ciertas realidades de la vida habitual (la oscuridad, la luz excesiva, ciertos sonidos, el agua, las alturas) que tienen su origen en experiencias difíciles de encarnaciones previas.


El alma es una realidad que, una vez creada, adquiere identidad y va camino hacia la perfección en la trascendencia. Eso se logra en procesos sucesivos de encarnación, donde el alma va pasando por diferentes experiencias humanas. Estas vivencias deben ir siendo completadas y superadas, en lo posible, en la misma encarnación. Pero eso no es un hecho mecánico, sino que dependerá de las decisiones que se vayan tomando y de las condiciones del entorno. Muchas veces sucede que quedan huellas, resabios o situaciones que no fueron terminadas o que no se procesaron como era necesario. Esas son secuelas que van despertando en el nuevo humano en el que el alma encarnó. Muchos traumas, miedos, conflictos, tienen su origen en situaciones de encarnaciones previas y que, cuando aparecen, están reclamando espacio para su sanación profunda.


Las personas vamos viviendo experiencias en lo que Brian Weiss llama “familia kármica”, es decir, grupos humanos que van experimentando diferentes roles en encarnaciones en las que deben aprender y enseñar. Si alguien me trató mal en una vida anterior, en esta encarnación deberé darle la oportunidad de resarcir eso y para ello puede nacer con la tarea de amarme y yo con la misión de aceptar esa experiencia diferente. Pero puede haber rechazos, cuando el recuerdo de la experiencia anterior es más fuerte que la conciencia de lo necesario, que es cumplir con los compromisos tomados antes de nacer.


Todo ello, esos conflictos “arrastrados” de relaciones en otras encarnaciones o los acontecimientos traumáticos vividos, pueden ser sanados en esta encarnación si hacemos lo adecuado. Por eso las personas consultan.

 

Hay un fenómeno que resulta muy atractivo y misterioso: esa sensación de conocer a una persona, un lugar o una situación que, racionalmente, sabemos que nunca hemos vivido. ¿Cómo interpreta usted esa familiaridad espontánea?

La experiencia de sentir algo como “ya visto o conocido” es muy habitual, porque nosotros conservamos en el subconsciente una memoria de encarnaciones previas. También eso sucede en la vida intrauterina y en los primeros años de la infancia. Se graban situaciones que comienzan a emerger después, a veces de modo grato y otras de forma desagradable.

Esas experiencias suceden. Ahora bien, esos encuentros no tienen por qué ser significativos para esta vida. A veces nos encontramos porque hemos hecho un pacto para eso, y otras, simplemente porque nuestros caminos se cruzan. Es conveniente saber distinguir los distintos casos.

Incluso eso pasa con la habilidades. Si tengo facilidad para tocar piano, esa virtud puede ser sólo memoria, puede ser un recurso en mi vida, pero no significa que necesariamente esa sea mi tarea.

Con las ciudades es interesante, porque es como si nuestras energías inconscientes reconocieran espacios por los que hemos transitado y eso activa memorias que nos dan luces de algo que necesitamos saber en esta vida.

La verdad es que salvo haber tenido esas experiencias, no tengo otras explicaciones como para reconocer una ciudad, una casa o un espacio que nunca antes he visto. Una vez llevé a una niña de tres años a una casa, y ella recorrió los espacios con evidentes signos de saber que era para ella un espacio conocido en el que había estado alguna vez.

 

Usted aclara que La reencarnación no busca demostrar científicamente que las vidas pasadas existen. Entonces, ¿qué espera que ocurra con un lector escéptico que termina el libro? ¿Que crea, que dude o simplemente que se haga nuevas preguntas?

Este libro lo escribí pensando en distintos tipos de personas. Quienes creen en la reencarnación, podrán encontrar argumentos y experiencias ajenas que abonan su convicción. Quienes tienen dudas, hallarán elementos de convencimiento. Quienes no creen o no saben nada del tema por lo menos se harán preguntas, se atreverán a dudar, abrirán sus esquemas mentales y espirituales para darse la posibilidad de aceptar una creencia nueva. No me inquietan las “demostraciones científicas”. Ya sabemos que con los avances de las ciencias y las tecnologías, lo que antes era una verdad científicamente probada luego se desmiente o modifica. La ciencia es un método que nos permite seguir avanzando y sabiendo cada vez más de todos los fenómenos físicos y químicos del universo.

 

¿Cómo se hace una regresión? ¿Cualquier persona puede hacerlo o hay gente a la que le cuesta entrar en un estado como hipnótico?

El estado corporal y mental para una regresión a “vida pasada” (que puede ser a la niñez, al útero o a encarnaciones anteriores) no es hipnosis – según el método que yo aprendí a aplicar – sino de relajación profunda, de tal modo que la persona nunca pierde la conciencia. Por lo general, cualquier persona podría entrar en ese estado, pero hay algunas que les cuesta mucho relajarse, ya sea por cuestiones puntuales o porque tienen ataduras de las que temen desprenderse. Muy rara vez la imposibilidad es total. La mayor parte de las ocasiones se obtiene algo de información, aunque el paciente no lo entienda de inmediato. Para eso está el terapeuta.

El paciente se somete a una concentración profunda sobre sí mismo y se relaja bajo la conducción del terapeuta, liberando las resistencias que impiden o dificultan la expresión del alma.

 

¿Cómo distingue usted entre una experiencia significativa para esa persona y una construcción de su propia imaginación o de su mente?

 

Cuando alguien no entra en el estado profundo, se nota de inmediato. Normalmente la persona no miente, sino que dice que no ve ni siente nada. Si alguien miente e inventa todo – me ha tocado algunos casos ­– el engañado es el mismo, pues va a decir cosas que no son reales y no le va a servir para su proceso terapéutico. Cuando la persona se conecta, con mayor o menor profundidad, su vivencia la expresa usando sus recursos, entre los que está la capacidad de generar imágenes o sensaciones. La imaginación es su recurso para expresar lo que le está sucediendo. El inconsciente usa lenguaje simbólico y el consciente un lenguaje expresivo.

 

¿Los dolores y sufrimientos son karma, castigo o experiencias que tenemos que aprender a superar? ¿cuál es el propósito del sufrimiento como almas?

 

El karma es una manera de nombrar la información que traemos para esta vida encarnada y que debe ir siendo rescatada de a poco por la conciencia. El Karma no es castigo ni maldición. Algunos hablan de Karma positivo y Karma negativo, pero yo prefiero hablar de aspectos difíciles y aspectos contributivos a la tarea, o fáciles de experimentar. Las tareas nunca son fáciles. No es que haya que “aprender a superar”, sino a internalizar, conocer y dar cumplimiento a las misiones que nuestra alma libremente asumió. Los dolores son experiencias que vivimos y de las cuales podemos aprender. Quien padece el dolor es el humano, no el alma. El sufrimiento es el apego que tenemos al dolor y eso sí que debe ser superado. Pero el sufrimiento no es parte de ninguna tarea, como podría serlo una experiencia de dolor, sino una dificultad más bien psicológica del sujeto humano en esta vivencia.

 

Después de tantos años estudiando y trabajando con este tema, ¿qué es lo que usted todavía no sabe sobre la reencarnación y que sigue siendo un misterio para usted?”

Mientras más aprendo, me doy cuenta de que lo que me falta por conocer es mucho más. No tengo todas las respuestas ni mucho menos, sé que no sé muchas cosas. He aprendido mucho, pero la ansiedad de saber más sigue presente. Hay cosas que no entiendo. Por lo menos, para mi tranquilidad de espíritu, he aceptado que no puedo entender a la divinidad.

 

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