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El alta no es el final: lo que nadie le cuenta al paciente oncológico cuando termina el tratamiento

  • Foto del escritor: Equipo La Galería M
    Equipo La Galería M
  • hace 3 días
  • 2 min de lectura

Recibir el alta oncológica debería ser uno de los momentos más felices en la vida de un paciente y en muchos sentidos lo es, pero para quienes han atravesado un diagnóstico de cáncer, ese momento también puede traer consigo una pregunta que nadie anticipó: ¿y ahora qué? Porque el cáncer no termina cuando termina el tratamiento.


El lenguaje que rodea al cáncer suele ser bélico: "luchar", "vencer", "ganarle la batalla". Esa narrativa tiene buenas intenciones, pero no todos los pacientes se identifican con el rol del guerrero, y muchos necesitan simplemente un espacio donde puedan existir sin esa exigencia: con miedo, con dudas, con días buenos y días malos. 


Según una revisión sistemática publicada en el Journal of Cancer Survivorship, el 73% de los supervivientes de cáncer experimenta "Fear of Cancer Recurrence" —miedo a la recaída—, y casi la mitad lo reporta con intensidad moderada a alta. Es una de las principales causas de deterioro en la calidad de vida post-tratamiento, y tiene abordaje y solución.Lo que ven quienes trabajan de cerca con pacientes oncológicos es que la necesidad más profunda no siempre es técnica. Es la de sentirse comprendidos, acompañados y vistos como personas completas, no solo como diagnósticos. Para el equipo médico, el control periódico es un protocolo, pero para el paciente puede ser semanas de ansiedad acumulada. 


"La supervivencia al cáncer no es simplemente llegar a una meta, sino el inicio de una nueva etapa. Etapa que puede traer cambios físicos, e incertidumbre, pero también oportunidades para recuperar bienestar y calidad de vida. Esta etapa plantea desafíos relacionados con la salud física, emocional y los hábitos de vida, por lo que requiere un acompañamiento integral y continuo por parte del equipo de salud.", explica la doctora Valentina Ovalle de Clínica IRAM.


Sin embargo, cuando existe un vínculo real y continuo con el equipo tratante, esa experiencia cambia: el chequeo deja de ser un momento de veredicto y se convierte en un punto de apoyo, de continuidad, de confianza. Ese vínculo se construye con tiempo. Con médicos que conocen la historia de cada paciente, que recuerdan los detalles, que están ahí no solo en los momentos críticos sino también en los ordinarios.


Aunque hoy con los avances en diagnóstico y tratamiento cada vez más personas logran completar su terapia y convertirse en supervivientes de cáncer, también es importante reconocer a quienes continúan conviviendo con la enfermedad. Muchos pacientes viven durante años con cáncer metastásico gracias a tratamientos cada vez más efectivos, mientras que otros transitan etapas donde el objetivo principal es el alivio de síntomas, el bienestar y la calidad de vida. En todos estos escenarios hay espacio para la esperanza, porque acompañar, cuidar y mantener la mejor calidad de vida posible también son formas fundamentales de éxito en oncología.


Este Día del Superviviente es una buena oportunidad para ampliar la conversación: celebrar a quienes terminaron su tratamiento, sí, pero también reconocer que lo que viene después tiene su propia complejidad y merece la misma atención. Porque el alta no es el final. Es el comienzo de una etapa que también necesita cuidado.


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