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Columna: Tecnología y operación: la ruta más corta para reducir emisiones

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    Equipo La Galería M
  • hace 23 minutos
  • 2 Min. de lectura

Por: Marco Larson, encargado de Sostenibilidad de SKY.

 


Cada 5 de marzo se conmemora el Día Mundial de la Eficiencia Energética, una invitación a entender el uso de la energía como una definición estratégica que incide directamente en la competitividad de las empresas, la seguridad energética y el cuidado del medioambiente.

 

Según datos de la Agencia Internacional de Energía (IEA), el avance global de eficiencia energética  fue de alrededor de 1% en 2024 y repuntaría a 1,8% en 2025, todavía lejos del ritmo necesario para cumplir las metas internacionales. La eficiencia energética tiene un valor que a veces se subestima: es una de las palancas más inmediatas y transversales para reducir impacto sin esperar “la solución perfecta”. No reemplaza otras transformaciones, sino que las habilita, porque reduce el consumo base, reduce desperdicios y hace más efectiva cualquier innovación futura. La energía más limpia y más barata es, muchas veces, la que no se consume.

 

En aviación, esa lógica es especialmente concreta. La eficiencia implica transportar más personas utilizando menos energía por pasajero, sin transar seguridad ni calidad, optimizando cada etapa de la operación: desde lo que ocurre en tierra hasta el perfil de ascenso y el uso de combustible en vuelo. En una industria que moviliza millones de pasajeros operando  miles de vuelos al año, mejoras que parecen pequeñas se convierten en impactos reales cuando se vuelven estándar y disciplina.

 

En ese marco, SKY Airline ha venido trabajando en eficiencia operacional como parte de su gestión. Desde 2018, la compañía ha evitado más de 1,2 millones de toneladas de CO2, y entre 2018 y 2025 logró reducir 29,8% las emisiones por asiento y 26,4% las emisiones por pasajero. Un componente relevante de este avance fue el recambio de flota con aeronaves Airbus A320neo, que permiten menor consumo de combustible y reducciones significativas en emisiones en comparación con generaciones anteriores.

 

Pero la eficiencia en la industria no puede limitarse a la flota. Hoy el desafío está en optimizar cada fase del día a día. Por eso se han incorporado prácticas operacionales como el uso de un solo motor durante el desplazamiento en tierra, el uso de equipos que permiten energizar los aviones para evitar encender motores mientras la aeronave está en plataforma y la optimización del peso transportado. A eso se suma el uso de herramientas que hacen más eficiente el uso del combustible durante el ascenso considerando variables como clima, viento, temperatura y peso.

 

La eficiencia no es un anuncio, es un hábito. Medir, reportar, corregir y mejorar continuamente es lo que permite sostener avances en el tiempo y hacerlos creíbles, especialmente cuando el estándar sube año a año. En este Día Mundial de la Eficiencia Energética, la invitación es tomarnos en serio lo que sí está bajo control hoy, operar mejor, consumir menos y convertir la eficiencia en un estándar que reduce impacto sin perder conectividad.


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