Columna: Sostenibilidad, de la obligación al riesgo de negocio
- Equipo La Galería M

- hace 2 días
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Autor: Gustavo Sánchez, Engagement Manager en NTT DATA Chile

La agenda ambiental ya no puede abordarse solo desde el cumplimiento. Durante años, la sostenibilidad fue tratada como una obligación paralela: relevante, pero separada del core del negocio. Una exigencia regulatoria, un tema reputacional o una línea complementaria de la estrategia corporativa. Sin embargo, en el último tiempo, las empresas con visión de largo plazo ya comenzaron a leerla de otra forma.
Los riesgos asociados al clima y a la naturaleza están dejando de ser una hipótesis para materializarse en factores reales que afectan decisiones de inversión, continuidad operacional, acceso a financiamiento y competitividad. Y cuando eso ocurre, la discusión deja de ser exclusivamente ambiental y pasa a ser empresarial.
El ejemplo más evidente aparece en sectores con alta dependencia del capital natural y sus servicios ecosistémicos. Si una operación requiere grandes volúmenes de agua y la disponibilidad de ese recurso se vuelve incierta, el problema no consiste solo en cumplir con la norma vigente. El problema es que la empresa puede ver comprometida su capacidad de producir, crecer o sostenerse en el tiempo.
Eso obliga a cambiar la pregunta. Ya no basta con revisar qué exige hoy la regulación. Lo relevante es entender qué riesgos se están acumulando y qué decisiones deben tomarse antes de que se traduzcan en mayores costos, restricciones operativas o pérdida de competitividad.
En esa tarea, las tecnologías emergentes están empezando a jugar un rol decisivo. La Inteligencia Artificial, el Internet de las Cosas, observabilidad satelital y los Gemelos Digitales permiten pasar de una gestión reactiva a una gestión predictiva. Hoy es posible modelar riesgos ambientales, como la escasez hídrica o el impacto climático; optimizar redes y procesos para usar mejor los recursos; monitorear emisiones y consumo en tiempo real; y simular escenarios que fortalezcan la resiliencia operacional y de la cadena de suministro. Bien aplicadas, estas capacidades no solo ayudan a mitigar riesgos, sino también a impulsar eficiencia, descarbonización y valor empresarial.
En Chile, la minería ilustra bien ese cambio. La presión sobre el recurso hídrico ha acelerado transformaciones como la desalinización y nuevas formas de adaptación operacional. Ahí hay una señal positiva: cuando el riesgo se reconoce a tiempo, también es posible movilizar inversión, innovación y colaboración para responder mejor.
Pero el desafío no está solo en los grandes sectores productivos. También empieza a sentirse en la relación entre empresas, proveedores, financistas y clientes. A medida que aumentan las exigencias, la vara sube para toda la cadena, dejando especialmente expuestas a medianas empresas que todavía no integran esta agenda con una mirada estratégica.
Por eso, el valor de la sostenibilidad no está solo en el reporte, la invitación es a mirar esta agenda con una pregunta más exigente: ¿la sostenibilidad está siendo gestionada como un requerimiento externo o como una variable estratégica para anticipar riesgos, proteger valor y sostener la competitividad del negocio?




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