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Columna: Manos secas, la mitad del ritual de lavado de manos


Desde el siglo XIX, cuando el médico obstetra húngaro Ignaz Philipp Semmelweis descubrió que el lavado de manos salvaba vidas (1), las sociedades han estado en una carrera para incorporar este hábito de limpieza como el aliado más poderoso en la lucha contra las enfermedades. En este mes que se celebra el Día Mundial de la Higiene de Manos (2), su importancia cobra especial relevancia, aún más teniendo en cuenta el recuerdo aún vivo que tenemos de la pandemia. En este contexto, el lavado de manos ha alcanzado una nueva importancia en nuestra conciencia colectiva.


Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, solo el acto de lavarse las manos puede prevenir alrededor del 30 % de las enfermedades relacionadas con la diarrea y cerca del 20 % de las infecciones respiratorias (3), porcentajes que varían según los estudios, pero en definitiva muestran el impacto del hábito de higiene. En Latinoamérica, tras la pandemia, el número de personas que se lavan las manos seis o más veces al día ha aumentado del 37% al 78%, una señal muy alentadora que muestra una mayor conciencia sobre la importancia de la higiene de manos para nuestra salud (información Softys)


Sin embargo, hay un punto crítico que a menudo pasa desapercibido: el lavado de manos es solo la mitad de este camino de cuidado, salud e higiene. El secado adecuado de las manos completa este hábito y es fundamental para garantizar una protección efectiva contra la propagación de enfermedades (4). Esta afirmación, aunque respaldada por estudios científicos, en las campañas e iniciativas de salud es frecuentemente subestimada y pasada por alto (5)


La elección del método de secado de manos puede parecer trivial, pero sus implicaciones son significativas. Las toallas de papel, según muchos estudios científicos, han sido seleccionadas como la mejor opción porque, a diferencia de otros métodos como los secadores de aire, eliminan mejor la humedad y en menos tiempo (6), y reducen significativamente la dispersión de bacterias en el ambiente, como las provenientes de los inodoros (7).


Es esencial reconocer que el correcto secado de manos no solo es una cuestión de comodidad, sino de salud pública. La transmisión de bacterias es más probable desde la piel húmeda que desde la piel seca, por lo que el secado adecuado debe ser una parte integral del proceso de higiene de manos. (8)


La ciencia ha discutido ampliamente sobre cuál es el método más higiénico, y aunque las opiniones pueden variar, los beneficios de las toallas de papel son innegables. No solo eliminan eficazmente las bacterias y evitan su dispersión a través del aire y la ropa, sino que también son más rápidas y silenciosas, pueden ser utilizadas por varias personas al mismo tiempo, lo que las hace ideales para entornos compartidos. (9)


Es hora de darle la importancia que se merece al proceso de secado de manos. Recordemos que la prevención de enfermedades está en nuestras manos, literalmente. Hoy hacemos un llamado a la acción para que entre todos prevengamos la transmisión de bacterias y enfermedades secándonos bien las manos después de lavárnoslas.

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