• Equipo La Galería M

Niños: Cómo enfrentar el cambio de hora



El sábado pasado se atrasaron los relojes en 60 minutos para comenzar el horario de invierno, el cual se extenderá hasta el primer sábado de septiembre. La medida, cuyo fin es reducir el consumo global de energía, lo adoptan alrededor de 70 países en todo el mundo.


¿Qué impacto tiene en las personas y, en especial, en los niños? “No todos toleramos de igual manera las modificaciones en rutinas y horarios. Es por ello que debemos considerar que levantarse una hora después, implica el cambio de ciertos hábitos ya adquiridos, como, por ejemplo, cenar o acostarse más tarde. Asimismo, ciertos niños deben adaptarse al nuevo patrón de sueño, puesto que los cambios en el reloj biológico pueden alterar el metabolismo”, señala Carolina Alcorce Silva, psicopedagoga y educadora diferencial del Colegio Pumahue de Curauma. Y es que mientras menos luz solar se recibe durante el día, más melatonina -que es una hormona- se segrega, lo cual produce somnolencia. Por el contrario, su descenso produce insomnio.


Respecto al rendimiento escolar, explica la especialista, no es el cambio de hora lo que puede generar una baja, sino la falta o mala calidad de sueño, incidiendo en el nivel de atención y concentración en clases. “Por ello, para lograr una mejor adaptación, es recomendable que unos días antes del cambio de hora, atrasemos el reloj progresivamente, para que los niños no sientan de manera tan brusca el cambio y lograr así una buena rutina de sueño”, aconseja.


Por último, la profesional invita a cambiar la hora del reloj junto a los hijos, explicándoles los beneficios que esto conlleva. “Por ejemplo, hablarle de lo importante que es el ahorro energético para el medio ambiente, al hacer coincidir las horas de luz con la hora de levantarnos”. Asimismo, considerar que el tiempo es un concepto abstracto para los más pequeños, por lo que “siempre es bueno concretizarlo mediante acciones u acontecimientos asociados a cada hora, como, por ejemplo, la hora de cenar, jugar, estudiar, etc.”, comenta Carolina Alcorce del colegio Pumahue de Curauma