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Granja La Pachamama visita el Centro Experimental de INIA para aprender de forraje en zonas áridas

Macarena Valdés junto con Marco Aceituno y sus tres hijos -Alfonso, Victoria y Alfredo- debieron migrar de su casa en Santiago luego de ser víctimas de una estafa que los dejó en la bancarrota. De esta manera llegaron a un cerro a 7 kilómetros de Los Molles con lo puesto, sin un objetivo claro y sin ningún tipo de conocimiento agrícola. Hoy son capaces de producir 200 kilos de forraje con 2 litros de agua, con lo que alimentan a sus animales, producen energía para su hogar y fertilizan sus cultivos.

Gracias al interés de FIA por el proyecto familiar, la Pachamama hoy ya está establecida como un Centro de Extensión en Agroecología y Economía Circular, donde visitantes de distintas partes del país se pasean; ya sea para aprender sobre sus métodos sustentables o para ver a los animales que mantienen en su granja.

Viviana Barahona, investigadora de INIA en Cauquenes, es la coordinadora del programa que mantienen con FIA y la encargada de trasmitir los conocimientos técnicos que ha desarrollado a través de los años en sus trabajos en el secano, lugar que también se destaca por sus condiciones climáticas extremas. Para Viviana, el principal objetivo de su trabajo con la familia es la de “colocar al INIA como un apoyo real a las iniciativas que tienen y que sientan que tienen el respaldo técnico e investigativo, de manera en que podamos llegar juntos a los distintos interesados que quieran conocer más sobre este estilo de vida que han podido formar”. Para la familia, el aporte de INIA se ha notado en su Granja, destacando el aporte de Viviana, a quién ya llaman “profesora”.

“Nos dimos cuenta que con el mismo forraje, si lo aplicamos en los árboles y huertas, logramos proteger la tierra y mantener la humedad, con lo que alargamos los riegos cada 45 días y nos permite tener árboles frutales en nuestra granja, además de huertas a muy bajo costo hídrico” cuenta Macarena. Con este tipo de iniciativas, han podido mantener una producción de más de 250 árboles frutales, y con solo los cinco mil litros de agua que reciben mensualmente.

Y los árboles frutales no son lo único; desde el INIA están buscando distintas alternativas de cultivos adaptados a condiciones de estrés hídrico, además de enseñarles a preparar distintos biopreparados como biol, bokashi, compost y aportar con distintas técnicas de mejoramiento de suelos para que continúen desarrollando su estilo agroecológico y sustentable orientado a la reutilización de recursos.

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