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  • Equipo La Galería M

Columna: Manejar la frustración

Por Sandy Infante, psicóloga experta en trastornos del ánimo del Centro Clínico del Ánimo y la Ansiedad,


En el día a día, cuando no alcanzamos nuestras metas, es natural que se presente en nosotros el sentimiento de la frustración. Situaciones como no conseguir nuestras expectativas laborales, que nuestros propósitos no se cumplan de la forma esperada o no conseguir el puntaje deseado en la PAES, que por estos días está en la contingencia, genera en nosotros este sentimiento, que trae comportamientos asociados a rabia, ansiedad o tristeza, acompañados, a nivel cognitivo, con pensamientos castigadores, rumiantes, intrusivos, entre otros.


Por tanto, es indiscutible establecer que la frustración es absolutamente normal cuando no conseguimos el resultado esperado en distintos acontecimientos de nuestra cotidianeidad, de ahí la importancia de aprender a manejarla.


1. Lo primero que implica aprender a controlar nuestra frustración, es aceptar lo sucedido, por más molesto que nos parezca. Es importante tratar de conciliar lo esperado y lo logrado en un estado real, que se contrapone al estado ideal deseado.

2. Tras la aceptación, es importante identificar la emoción: ¿es pena, rabia, tristeza? Cuando reconocemos la emoción, podemos comprender cómo reaccionamos ante ésta y saber qué hacer: pedir ayuda, tratar de buscar una alternativa, etc.

3. Luego de identificar la emoción, podemos hacernos la siguiente pregunta: ¿qué he hecho antes cuando siento esta emoción? Preguntarse esto, sirve, porque es muy probable que no sea la primera vez que experimentamos esto, por lo tanto, ya existen recursos que se han movilizado para afrontar sucesos similares en el pasado.

4. Finalmente, la clave para el manejo de la frustración: no dejarse llevar por la intensidad emocional, es decir, detenerse ante el escenario y tratar de analizar las posibilidades para decidir de forma tranquila.


En suma, aprender a manejar la frustración implica aceptar nuestros resultados, reconocer nuestras emociones, ocupar recursos del pasado para controlarnos y buscar soluciones con tranquilidad, ya que la intensidad emocional que nos genera este sentimiento podría jugarnos una mala pasada.








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