Columna: Día de la Tierra volver al origen de lo que consumimos
- Equipo La Galería M

- 22 abr
- 2 min de lectura
Por Cristian Pastene, Tea Trainer y representante de Dilmah en Latinoamérica.

Cada Día de la Tierra nos enfrenta a una paradoja incómoda: sabemos que el planeta no resiste el ritmo actual de consumo, pero seguimos actuando como si los recursos fueran infinitos. En esa tensión, lo cotidiano -lo que comemos o bebemos- adquiere un peso mucho mayor del que solemos reconocer.
El té, una de las bebidas más extendidas del mundo, ofrece una oportunidad concreta para repensar esta relación. En Chile, con más de 400 tazas por persona al año, no es solo un hábito, es cultura, pausa y vínculo. Pero su origen -dependiente del clima, el suelo y el tiempo- también deja en evidencia algo esencial: no todo puede acelerarse sin consecuencias.
Creo que el problema de fondo es la desconexión. Hemos normalizado un consumo que ignora el origen de los productos, las condiciones en que se elaboran y los efectos que generan. Esa distancia no solo tensiona al medioambiente, también a las comunidades que sostienen estos cultivos y a la calidad de lo que finalmente llega a nuestras manos.
Al mismo tiempo, también veo que existen otras formas de hacer las cosas. Modelos que entienden que producir no es solo extraer, sino también devolver; que es posible generar valor económico siendo, a la vez, un agente que aporta al entorno y a las personas. En esa línea, avanzar hacia prácticas que contribuyan al medio ambiente y, al mismo tiempo, tengan un efecto positivo en lo social deja de ser una aspiración y se vuelve una responsabilidad.
El desafío entonces no es solo identificar lo que está mal, sino asumir un rol más activo. Informarse, valorar la trazabilidad y preferir productos que respeten su origen son gestos concretos que permiten acortar esa brecha.
En el caso del té, esto se traduce en algo simple, pero profundo: reconectar con el origen. Entender que detrás de cada hoja hay una historia, un ecosistema y manos que cultivan con cuidado. Elegir té de calidad, de origen único y producido con respeto no es solo una preferencia, es una forma de valorar la naturaleza y a las personas que la hacen posible. Es volver a apreciar el tiempo, la autenticidad y la integridad en lo que consumimos.
El consumo consciente deja de ser una tendencia cuando se convierte en una forma de vivir. En un contexto de crisis climática, nuestras decisiones cotidianas adquieren un nuevo significado, son una oportunidad para generar un impacto positivo. Porque cuando elegimos productos que honran su origen y contribuyen al bienestar de las comunidades y del entorno, estamos siendo parte de un cambio necesario: uno más humano, más ético y en armonía con el mundo que habitamos




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